En el Evangelio de este domingo, Jesús nos presenta varias parábolas: la Parábola del trigo y la cizaña, la Parábola de la semilla de mostaza y la Parábola de la levadura.
Jesús, hacia el final de la lectura, explicó la parábola del trigo y la cizaña. Reflexioné sobre la lectura para entender lo que significa y me recordó la injusticia y la falta de equidad de nuestro sistema migratorio actual. El proceso que ICE utiliza para detener a los inmigrantes y expulsarlos de este país, sin importar si han tenido un juicio justo, es lo que más me hizo pensar en esta parábola.
Como dice Jesús en su parábola, cuando los siervos están discutiendo con el dueño del campo: “¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?” Él les respondió: “No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquen también con ella el trigo.” Esta respuesta me hizo relacionar esto con las operaciones apresuradas que hace ICE, capturando inmigrantes y sacándolos rápidamente. No todos los inmigrantes son cizaña. Los inmigrantes que se esfuerzan por hacer bien son, o llegan a ser, trigo. Estos inmigrantes que son trigo apoyan a sus familias, su comunidad y más, con el fin de vivir una buena vida. Sin embargo, con este sistema profundamente imperfecto, en su intento de quitar la cizaña, termina quitando tanto cizaña como trigo, siendo ciego al bien que arranca de raíz. Esto divide familias y destruye vidas que solo buscan la oportunidad para crecer y nutrir a otros y a sí mismos.
Más adelante en la parábola, se nos presenta la sabiduría del dueño del campo para diferenciar la cizaña del trigo. Al tener paciencia y dejar que ambos crezcan, cuando florezcan, podemos ver claramente la diferencia entre lo que está bien para cosechar y lo que es malo. A nuestro sistema migratorio actual le falta la paciencia y sabiduría que presentan en esta parábola; sin embargo, Dios no.
Así como Dios tiene paciencia con nosotros, nos verá crecer. Bajo su amor y cuidado, también tenemos la misión de ayudar a otros en estas situaciones. Podemos escuchar, conocer las historias de quienes se encuentran en estas situaciones y tratar de dar apoyo de cualquier manera que podamos. Quizás no podamos cambiar el sistema de la noche a la mañana, pero eso no nos da la excusa para ignorar a quienes buscan ayuda. Yo mismo, cuya familia fue separada hace años, estoy agradecido con todos los que apoyaron a mi familia y a mí en esos momentos difíciles (a través de la comunicación, la oración y más), y le doy gracias a Dios por ellos. Y nosotros podemos hacer lo mismo por los demás, tal como Dios nos enseña.