En el Evangelio, Jesús les dice a sus discípulos: “No tengan miedo.” Repite este mensaje varias veces porque sabe que seguirlo no siempre será fácil. Habrá momentos de incertidumbre, temor e incluso sufrimiento. Sin embargo, Jesús nos recuerda que Dios lo ve todo y que nunca somos olvidados en sus ojos. Al reflexionar sobre este pasaje, inmediatamente pensé en mi experiencia observando en la corte de inmigración y en mi trabajo en el Centro Papa Francisco. Cada semana estoy presente en la corte y soy testigo de familias que están viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida. Muchas llegan cargando miedo, incertidumbre y dolor. No saben cuál será el resultado de su audiencia, de su cita con ICE, ni qué les espera en el futuro a ellos y a sus seres queridos.
Lo que más me llama la atención de este Evangelio es cuando Jesús dice que ni siquiera un pájaro cae a tierra sin que Él lo sepa. Ese recordatorio tiene un significado muy especial cuando pienso en las personas que encuentro en la corte. Es fácil que alguien se sienta invisible dentro de un sistema tan grande, pero este pasaje me recuerda que cada persona que entra a esa sala de audiencias es conocida y amada por Dios. Sus miedos, sus lágrimas, sus esperanzas y sus historias son importantes para Él. También me recuerda por qué el acompañamiento es tan importante. Yo no puedo cambiar lo que sucede en la corte. No puedo quitar el miedo de una familia ni garantizar un resultado determinado. Pero sí puedo estar presente. Puedo escuchar. Puedo dar testimonio.
A través del trabajo del Centro Papa Francisco, también tengo la oportunidad de caminar junto a las personas durante algunos de los momentos más difíciles de sus vidas y recordarles que no están solas. Hay días en que este trabajo se siente pesado, especialmente cuando veo y escucho a familias afectadas por la detención y la separación. En esos momentos, las palabras de Jesús me invitan a estar presente y a confiar en que Dios está ahí, incluso cuando las cosas parecen inciertas.
Al final del día, este pasaje me recuerda que nadie es olvidado por Dios. Las familias que conozco, las personas con las que me encuentro en la corte y las historias que llevo conmigo están todas en sus manos. Mientras continúo este trabajo, espero poder ser un pequeño recordatorio para los demás de que son vistos, valorados y que nunca están solos.