Es una triste realidad que los tiroteos masivos ocurran con regularidad en todo el país. La semana pasada, San Diego fue el escenario y, de entre todos los lugares, un sitio de fe y refugio: el Centro Islámico. Se me partió el corazón al ver las fotos de mi amigo, el Imán Taha Hassane, quien es como el pastor del Centro. Estaba destrozado. Llevaba en su expresión el peso de un líder cuyos miembros de la comunidad de fe no pudo proteger. El obispo Pham y yo fuimos a visitarlo a él y a su comunidad para llevarles flores y una vela; para ofrecerles nuestras condolencias y oraciones; para decirles que nuestros corazones se quebrantan junto con los suyos.
Este domingo es Pentecostés, y todo el sentido de Pentecostés radica en que las personas se acerquen unas a otras para ser una sola. En la primera lectura, cuando los vientos fuertes llenaron la casa donde se había reunido una gran diversidad de personas, estas comenzaron a hablar en los idiomas de los demás y a entenderse mutuamente. Era el Espíritu llamándolos a unirse para ser Uno. En la segunda lectura, escuchamos cómo nosotros, aunque somos partes diferentes, formamos todos parte del mismo cuerpo: judíos o griegos, esclavos o libres. Todos somos Uno. Y en el Evangelio, Jesús sopla sobre sus apóstoles y los envía adelante. Al recibir el don del Espíritu, se les encomienda perdonar los pecados; es decir, deben colaborar en el proyecto de reconciliación, el cual nos hace ser Uno.
Debemos creer que todos somos un solo Pueblo; que somos un solo Cuerpo: musulmanes o católicos, blancos o latinos, gays o heterosexuales. En cuanto comenzamos a dividirnos, vamos en contra de la obra del Espíritu, que trabaja incansablemente para unirnos. Dado que es mi ferviente oración que nuestros amigos del Centro Islámico —y, de hecho, todos nuestros hermanos y hermanas musulmanes— sepan que nuestros corazones laten al unísono con los suyos, como el único Cuerpo que somos, hemos colocado unas pancartas en la fachada de la iglesia que dicen: «Muchas partes, un solo Cuerpo. Nos solidarizamos con la comunidad musulmana». Al entrar en nuestra iglesia este domingo, que sientan esa conexión con nuestros hermanos y hermanas musulmanes, con personas que vinieron a rezar y a practicar su fe tal como lo hacemos nosotros. Que sientan al Espíritu atrayéndolos hacia ellos, acercándolos más. Para que así hagamos realidad el sueño del Espíritu: que seamos Uno.