El cuarto domingo de Pascua, llamado Domingo de Laetare, nos invita a regocijarnos, ya que tenemos un adelanto de la Pascua, recordándonos que Cristo es nuestra luz. En las pancartas del exterior de la iglesia, pueden ver nuestro lema de Cuaresma de este año: "Llamados a ser luz". Y en las misas de este fin de semana distribuiremos pulseras moradas con este tema. Hacen referencia a la Vigilia Pascual, cuando la única luz en el templo será el cirio pascual, recordándonos la verdad de las palabras del evangelio de hoy, cuando Jesús dice: "Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo".
Estamos llamados a ser luz al tener la luz de Cristo en nuestro interior. Estamos llamados a ver de una manera nueva. Cuando David, el hijo menor de Jesé, es elegido rey por el profeta Samuel, no lo es por ser el mayor, el más sabio, ni por ninguna cualidad visible al ojo humano. Más bien, el Señor, que mira el corazón, ve algo en él que le impulsa a desear a David como rey. Y también en el Evangelio, Jesús dice después de curar al ciego: «Yo he venido a este mundo para que se definan los campos, para que los ciegos vean, y los que ven, queden ciegos». Jesús aboga por una nueva forma de percibir y juzgar la realidad que quizá no sea tan obvia. Es una nueva forma de ver.
Nuestro anterior Superior General de los Jesuitas, el P. Adolfo Nicolás, SJ, hablaba a menudo de una nueva forma de ver. Hablaba de una especie de «tercer ojo», que no es un ojo físico, sino una forma de ver más allá de la realidad física que tenemos ante nosotros, hacia algo más profundo. Era una invitación a una visión del mundo más amplia, más compasiva y más universal. Quería que los jesuitas siempre profundizáramos, viéramos más allá de lo superficial y leyéramos los signos de los tiempos. ¿Cuál es el significado de lo que vemos? ¿Qué significa ser católico en tiempos en que vemos tanta crueldad hacia el prójimo, hacia nuestros hermanos inmigrantes? ¿Cómo vemos la guerra en la que se encuentra nuestro país? ¿Qué decisiones tomamos sobre cómo viviremos? ¡Que veamos con los ojos de Cristo!