“Es mejor dar que recibir”. ¿Acaso nuestros padres no nos lo han dicho desde que éramos niños? Esa sencilla frase expresa parte de la verdad fundamental de las lecturas de hoy, pero en realidad, las lecturas van más allá y expresan la paradoja de que al dar, recibimos. Si compartimos nuestro pan con los hambrientos y damos refugio a los que no tienen hogar, nuestra luz “surgirá como la aurora”, y “cicatrizarán de prisa” nuestras heridas, dice el profeta Isaías. Esta es la explicación de cómo estamos llamados a ser sal y luz en el Evangelio: dando, compartiendo. Cuando hacemos esto, en realidad recibimos. ¿Te sientes mal contigo mismo? ¿Te sientes deprimido? Haz algo para ayudar a alguien más. Casi con seguridad te sentirás mejor.
Cuando el entonces obispo McElroy asistió a mi toma de posesión como párroco de Nuestra Señora de Guadalupe hace más de tres años, nos hizo un cumplido y a la vez nos planteó un desafío. Dijo que nuestra parroquia es “el corazón de la ciudad de San Diego”. El cumplido es obvio: de alguna manera, esta parroquia, justo al lado de la ruidosa y transitada autopista I-5, es una especie de centro de la ciudad. Y como tal, es importante. Y el desafío es que sigamos sirviendo como un corazón, que enviemos vida a la ciudad, de la misma manera que un corazón envía vida a través del cuerpo humano.
La parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe ha estado mucho en las noticias últimamente. Hace dos semanas, una procesión con unas 1500 personas terminó frente a nuestra parroquia, donde juntos coreamos nuestro lema: “Nosotros Pertenecemos”. Hace una semana se inauguró el Centro Papa Francisco, nuestro nuevo ministerio de acompañamiento a inmigrantes. Me conmovió la cantidad de personas que asistieron, los hermosos bailarines aztecas, las sonrisas en los rostros de la gente y las palabras de los oradores invitados. Escuché una frase repetirse una y otra vez: la gente está feliz de que algo positivo esté sucediendo para ayudar a los inmigrantes ante el rechazo y la hostilidad que enfrentan en nuestro país. Si bien abrimos este Centro para servir principalmente a ustedes, nuestros feligreses, por supuesto, está abierto a todos, como debe ser. Porque nuestros padres nos enseñaron lo que Jesús nos enseña: Es mejor dar que recibir. Cuando servimos, somos sal, somos luz, somos el corazón que nuestra parroquia está llamada a ser.